| Vinos de Granada in veritas |
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| Jueves, 17 de Diciembre de 2009 09:36 |
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La gran eclosión de bodegas en tierras granadinas ha hecho recapacitar a mucha gente, muchas cosas dentro del mundo enológico provincial, andaluz y nacional. Primero, la sorpresa de ver una provincia que hace no tantos años lo único que bebía era cerveza, vinos manchegos y en feria, esto aún más reciente, la manzanilla y algún fino.
Después tuvimos la gran entrada en los bares y restaurantes de los vinos de Rioja. Que fueron los primeros en servirse con características propias; y a copas. Dado que antes solo se pedía "un tinto", y aquí paz y después gloria. Lo que me hace recordar una anécdota que el gran maestro y amigo Tico Medina me comentó hace muchos años. Entra un paisano en una taberna de Granada y le dice al tabernero. ¿Me pone un vaso de vino? El mesonero, hombre tranquilo y curtido en los lances del mostrador le responde con otra pregunta profesional: ¿Blanco o tinto? A lo que el parroquiano, sin perder un ápice de su planta serrana, le responde lacónicamente sólo una palabra: ¡Grande...!. Y esta era la realidad hasta los años setenta y tantos. Donde hace su aparición la cosecha que nunca se agotaba: la del 70 de Rioja. ¡Que inmensa tuvo que ser esa añada, pues durante muchos años seguí encontrando botellas del 1970, en bares y restaurantes! Los granadinos, entre asombrados y eruditos de a pie, descubrimos que una copa de vino tinto podía tener nombre y apellido, o sea marca y cosecha. Lo que hizo cambiar radicalmente el concepto del consumidor. Se pedía los vinos por su nombre y año. Y bajo este paraguas surgen los vinos de Ribera de Duero, lo que nos hizo pensar aún más, que se podía escoger entre Denominaciones de Origen distintas y españolas. Siendo durante años las dos D.O, reinas de los mostradores y mesas españolas. Pero la manifestación nacional de denominaciones de origen no se hace esperar y surgen zonas como Somontano, Rías Baixas, Toro, Bierzo, Penedés, Cava, La Mancha, Valdepeñas, Priorato, Ribera del Guadiana, Rueda, etcétera. Y así hemos transcurrido muchos años, hasta que de forma reciente, provincias hermanas como Málaga y Almería se descubren como productoras de vinos. Y de vinos tintos para más INRI. Asunto que hace surgir los espíritus emprendedores granadinos que en viejos pagos abandonados por las vides, arrancadas o arruinadas por la filoxera, deciden apostar por una nueva plantación de viníferas, eso sí, de porte y clones actuales, que se apoyan en su cultivo en pagos interesantes enológicamente por dos características: altitud y climatología. Todo esto conforma la gran eclosión de bodegas granadinas, que con mayor o menor acierto, han saltado a la palestra de la viticultura y al espíritu dionisiaco, rivalizando en el mercado, que por cierto atraviesa momentos difíciles por la bajada del consumo y por la excesiva oferta de bodegas. La situación no es fácil y con este tipo de muestras vitivinícolas se comprueba y damos pie al adagio latino del In Vino Veritas, tal y como hablo el viejo romano. Proverbio que yo transformo como que: el vino al beberlo nos contará su verdad y única verdad. La que tiene que prevalecer sobre todas las cosas: la calidad. El gran elemento diferenciador. Otra asignatura pendiente y polémica son los precios de estos vinos. Un tema debatible, pero que los bodegueros van entendiendo, porque no les queda otro remedio... ¿o no? Por lo pronto vamos a disfrutar esta II Muestra de los vinos de Granada donde 16 bodegas nos van a dar "lo mejor de cada casa". Disfruten y beban con moderación y sentido del gusto. |





